- LA TARDE NUNCA FUE IDÓNEA PARA PASEAR -
Roto ya el bastón de la memoria
la tarde nunca fue idónea para pasear.
Dispersos quedan los hilos de una historia
que con ira arden esperándote llegar.
Vuelve la niebla a confundir mi dirección,
sueña con plata el que sólo tiene oro,
juguemos al llanto, lapidémonos el corazón,
bailemos como el capote hace con el toro.
El otoño se hace eterno en mi habitación,
los días son tan fugaces que me asustan,
los instantes, escasos y saben a garrafón,
quiero aprender de los que antes de hablar escuchan.
La duda traza un camino en mi razón,
las noches de sol y calma me acusan
de ser un juglar de la triste desilusión,
de sentarme a escuchar las olas que me susurran.
Duermo mientras el silencio suena de fondo,
busco un espacio donde poder sentir sin miedo.
Tu recuerdo aletea posándose sobre mis hombros,
te querré si esta primavera me visita en Enero.
Y rodar para rodar, y saltar para arriesgar,
muero en un veneno que no mata mis ganas de tí,
me mezco en tus promesas y hoy quiero luchar,
pero advierte el horizonte de que todo tiene su fin.
- Gonzalo López Murillo –
Diciembre 2009, Vertedero helado.
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