- LE PARISIEN -
Paris ciudad de la luz que deslumbra
a cualquiera que como yo no tenga el amor.
Croissants y café con abundante azúcar
para un parisino insípido y falto de calor.
Sacre coeur, rojo de una bandera liberal
que luchó sin dejar de gritar revolución,
por la libertad, la igualdad y la fraternidad
del hombre arropado bajo un mismo sol.
Un sol llamado República, nada de reyes
con derecho a crear y destruir a su antojo,
con poder para escribir y violar las leyes,
en la toma de la Bastilla se echó el cerrojo.
Ohlalá Eiffel! tan hermosamente arqueada
que pide fotos a cualquier hora y perspectiva.
Necesito un crêpe para saborear una mañana
fría y colapsada, pero increíblemente productiva.
Las francesitas son pura sencillez, ninguna mona,
ni un solo diamante tallado por las calles parisinas.
Nada que ver con la belleza española,
según ellos sólo nos ganan en la cocina.
Liège, Montparnasse, Austerlitz, Nation,
paradas que confluyen en mi imaginación,
sueños de niño, convertidos en canción
con el contrabajo de un rendido corazón.
Au revoir e ci vediamo un’altra volta,
fue un placer conocerte mademoiselle.
Me exprimiste y vuelvo con la camisa rota,
pero te desnudé de la tête aux pieds.
Y ahora me invade esa extraña sensación
de llegar a Italia y sentirme como en casa,
aunque mi habitación sólo será la estación
para hacer el trasbordo a Amsterdam.
-Gonzalo López Murillo-
Marzo 2011, 29 Rue d’Amsterdam (Hotel Fleche d’Or)
Paris ciudad de la luz que deslumbra
a cualquiera que como yo no tenga el amor.
Croissants y café con abundante azúcar
para un parisino insípido y falto de calor.
Sacre coeur, rojo de una bandera liberal
que luchó sin dejar de gritar revolución,
por la libertad, la igualdad y la fraternidad
del hombre arropado bajo un mismo sol.
Un sol llamado República, nada de reyes
con derecho a crear y destruir a su antojo,
con poder para escribir y violar las leyes,
en la toma de la Bastilla se echó el cerrojo.
Ohlalá Eiffel! tan hermosamente arqueada
que pide fotos a cualquier hora y perspectiva.
Necesito un crêpe para saborear una mañana
fría y colapsada, pero increíblemente productiva.
Las francesitas son pura sencillez, ninguna mona,
ni un solo diamante tallado por las calles parisinas.
Nada que ver con la belleza española,
según ellos sólo nos ganan en la cocina.
Liège, Montparnasse, Austerlitz, Nation,
paradas que confluyen en mi imaginación,
sueños de niño, convertidos en canción
con el contrabajo de un rendido corazón.
Au revoir e ci vediamo un’altra volta,
fue un placer conocerte mademoiselle.
Me exprimiste y vuelvo con la camisa rota,
pero te desnudé de la tête aux pieds.
Y ahora me invade esa extraña sensación
de llegar a Italia y sentirme como en casa,
aunque mi habitación sólo será la estación
para hacer el trasbordo a Amsterdam.
-Gonzalo López Murillo-
Marzo 2011, 29 Rue d’Amsterdam (Hotel Fleche d’Or)
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